NoticiasEl Convento de Belén y sus historias de beneficiarios
Texto y fotos: Alberto D. Pérez LA
HABANA, NOTICIAS de las Naciones Unidas.-En el Centro Histórico de La Habana
radica el Convento de Belén, antigua institución religiosa a la
que el paso de los años dejó importantes escaras físicas
y ambientales. La Oficina del Historiador de la Ciudad encaró su reconstrucción,
con apoyo de diversas instituciones, entre ellas el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD).
Hoy día, el Convento de Belén sirve
de lugar de esparcimiento, cultura, recreación y atención médica
de cientos de ancianos que viven en sus alrededores. El Programa Mundial de Alimentos
apoya con el suministro de leche y la Fundación catalana Dr. Trueta aporta
--a través del PNUD-- medicinas y equipos médicos especializados.
En el Convento hay salas de fisioterapia, con especialistas y equipos,
y una consulta de oftalmología, con capacidad para entregar espejuelos
graduados a quienes los necesiten. Los discapacitados de la zona --adultos y niños--
reciben también el solícito apoyo de la Oficina del Historiador. NOTICIAS
de las Naciones Unidas visitó el Convento y conversó con dos de
los ancianos beneficiarios. Estas son sus palabras: Blanca
Nieves Rodríguez entra todos los días, como la protagonista
homónima del cuento de los Hermanos Grimm, en un sueño de felicidad
al llegar al Convento de Belén.
Este lugar me fascina,
dice esta mujer delgada, de 75 años de edad, que concluyó su vida
laboral en el sector bancario. Tenía cinco años cuando mis
padres se mudaron a La Habana Vieja. Aquí crecí y fui testigo de
su decadencia pero también de su recuperación actual, bajo la dirección
de la Oficina del Historiador, apoyada por instituciones internacionales la
ONU entre ellas-; países y organizaciones de ayuda. Soy casada, con una
hija y dos nietos. Aunque tengo un lindo entorno familiar, vengo
todos los días con la mejor disposición de disfrutar del Convento
y servir a quien lo necesite. Al llegar hacemos ejercicios útiles para
mantener nuestra salud. Después, reunidos en colectivo, desayunamos, cantamos,
escuchamos historias y nos compenetramos más fuertemente. Yo misma soy
solista del Coro de la institución. Los que necesitan atención
médica y medicamentos, los reciben. Hay una sección del Convento
dedicada a la fisioterapia y otra a los problemas de visión, con oftalmólogos
y equipos especializados. En dependencia de los regalos que reciba la Oficina
del Historiador, todos los años nos obsequian ropa de cama y de vestir,
así como zapatos, entre otros artículos. Aquellos ancianos
del área que por impedimento de salud o físico no pueden acudir
al Convento reciben nuestro apoyo en medicamentos, lencería y, sobre todo,
afecto humano. Por decisión de los algo más de 700 ancianos
que aquí se congregan, fui elegida vicepresidenta del Ejecutivo de beneficiarios
del Convento. Ahora soy útil como nunca antes lo pude ser.
Me siento muy feliz de compartir con mis vecinos. Y estoy muy agradecida al Historiador
de la Ciudad, a sus colaboradores y a quienes nos ayudan desde todas las latitudes.
¡La Tercera Edad puede ser muy hermosa!. ----------- Hace
ya cuarenta años que Víctor Betancourt reside en el
Centro Histórico de La Habana. Su casa, que comparte con su esposa, radica
a dos cuadras del antiguo Convento de Belén, que durante décadas
apiló ruinas en su amplia área interior.
Lejos estaba Víctor
de imaginar que el Convento se convertiría en parte indispensable de su
vida, que ya se prolonga por 78 años pero que él asegura va a durar
al menos 120: Ya me inscribí en el grupo de los cientoveinteañeros,
dice con una pícara sonrisa. Siempre como trabajador del transporte
43 años en ese sector--, Víctor se vio un poco desorientado
luego de su jubilación. Pero alguien le habló de las actividades
para los adultos mayores que tenían su centro en el Convento. ¿Convento?,
se dijo, con algún recelo. ¡ese lugar está en ruinas! Yo
asistía a un Círculo de Abuelos cercano pero sus filas empezaron
a clarear, porque muchos de mis colegas, tanto hombres como mujeres, comenzaron
a asistir a las actividades del Convento, relata. Y un día
yo también fui. Tengo que decir que me sentí muy gratamente sorprendido.
La edificación ha sido restaurada. Por las mañanas hacemos ejercicios
físicos y luego pasamos a la antigua nave de la Iglesia, donde participamos
en trabajo de grupo, actividades recreativas y nos ofrecen desayuno, por cortesía
de una donación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones
Unidas. Tenemos cobertura médica y medicinas, algunas
de ellas suministradas por la Fundación Humanitaria Dr. Trueta, de Cataluña,
a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
institución que ayudó en la restauración del Convento y de
ese proceso en el territorio que dirige la Oficina del Historiador, con el Dr.
Eusebio Leal al frente. Ud. pensará que yo soy un sabelotodo.
Pero siempre me ha gustado conocer con quién comparto. ¡Aquí
estoy encantado!. Y concluye: ¡Esta es la felicidad, está
es la vida! ¡Cuándo llego aquí, no me quiero ir! |