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Una Blanca Nieves de nuestro tiempo
Blanca
Nieves Rodríguez entra todos los días,
como la protagonista homónima del cuento de los Hermanos
Grimm, en un sueño de felicidad al llegar al Convento
de Belén.
Este lugar me fascina, dice esta mujer delgada,
de 75 años de edad, que concluyó su vida laboral
en el sector bancario. Tenía cinco años
cuando mis padres se mudaron a La Habana Vieja. Aquí
crecí y fui testigo de su decadencia pero también
de su recuperación actual, bajo la dirección
de la Oficina del Historiador, apoyada por instituciones internacionales
la ONU entre ellas-; países y organizaciones
de ayuda. Soy casada, con una hija y dos nietos.
Aunque tengo un lindo entorno familiar, vengo todos
los días con la mejor disposición de disfrutar
del Convento y servir a quien lo necesite. Al llegar hacemos
ejercicios útiles para mantener nuestra salud. Después,
reunidos en colectivo, desayunamos, cantamos, escuchamos historias
y nos compenetramos más fuertemente. Yo misma soy solista
del Coro de la institución.
Los que necesitan atención médica y medicamentos,
los reciben. Hay una sección del Convento dedicada
a la fisioterapia y otra a los problemas de visión,
con oftalmólogos y equipos especializados. En dependencia
de los regalos que reciba la Oficina del Historiador, todos
los años nos obsequian ropa de cama y de vestir, así
como zapatos, entre otros artículos.
Aquellos ancianos del área que por impedimento
de salud o físico no pueden acudir al Convento reciben
nuestro apoyo en medicamentos, lencería y, sobre todo,
afecto humano.
Por decisión de los algo más de 700 ancianos
que aquí se congregan, fui elegida vicepresidenta del
Ejecutivo de beneficiarios del Convento.
Ahora soy útil como nunca antes lo pude ser.
Me siento muy feliz de compartir con mis vecinos. Y estoy
muy agradecida al Historiador de la Ciudad, a sus colaboradores
y a quienes nos ayudan desde todas las latitudes. ¡La
Tercera Edad puede ser muy hermosa!.
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