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La nueva realeza en Cuba. El Palacio de los abuelos de Jiguaní

Por Conchy Pérez-Fernández, Fotos: Alberto D. Pérez

Descansando a sus anchas, la nueva realeza de Jiguaní disfruta de lo mucho que ahora les brinda la vidaVeinticinco ancianos válidos comparten diariamente una exquisita atención en un precioso entorno. Se trata de la Casa de los Abuelos de la ciudad oriental cubana de Jiguaní, nombrada en honor del “General José Reyes Arencibia”, jefe militar criollo que combatió el colonialismo en esa zona donde la provincia de Granma se abraza con la de Santiago de Cuba.

Este esfuerzo fue hecho posible por la cooperación de la región italiana de Emilia-Romagna a través del Programa de Desarrollo Humano Local (PDHL/Cuba), que financió la construcción de la enorme casona y su equipamiento con mobiliario y electrodomésticos.

Integrantes del equipo que atiende a los ancianos sonríen satisfechosLa entidad humanitaria vasca Euskal Fondoa entregó, también a través del PDHL/Cuba, un aporte para el fomento de un organopónico y los instrumentos para trabajarlo, que ahora, en manos de los propios ancianos, constituye una segura fuente de productos del agro para su propia alimentación. Todos estos aportes se canalizan mediante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Fundada en mayo de 2001, estos reporteros la visitaron poco después de su inauguración y apreciaron sus muchos valores. Casi siete años más tarde han regresado, y con mucha alegría constatan que, lejos de sufrir deterioro, tanto el edificio como los servicios que allí se ofrecen se encuentran en excelente estado.

Feliciana Sánchez Elías

Al igual que entonces, el régimen de vida de los inquilinos de la Casa de Abuelos semeja al que disfrutan los moradores de Palacios Reales en Europa.

Al llegar al filo de las ocho de la mañana se sientan a degustar un desayuno, y luego reciben información de última hora sobre la actualidad noticiosa nacional y extranjera.

Después, se entregan a otros menesteres, como son el trabajo en el huerto, ejercicios físicos dirigidos, vídeo-debates, discusiones sobre buenos hábitos alimentarios, la lucha contra hábitos nocivos, como el de fumar, y períodos de lectura, matizados por una merienda.

Los viernes disfrutan de un espectáculo cultural organizado especialmente para ellos por la Casa de la Cultura de Jiguaní.

Al almuerzo sigue un descanso, actividades recreativas y otra merienda.  A las 5 y 30 de la tarde regresan a sus hogares.

En la “Casa de Abuelos” un ejército de médicos, enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y asistentes están al servicio de los ancianos.

“Hacemos todo lo posible por garantizar su bienestar absoluto”, dice Vivian Kiles Fajardo, licenciada en Rehabilitación Social y Ocupacional, y directora de la Casa en los últimos cinco años.

“No somos un almacén de ancianos. Nada de eso. Atendemos solícitamente a los abuelos y les facilitamos todas las condiciones para que puedan disfrutar al máximo de su tercera juventud y, por supuesto, que se sigan sintiendo útiles. Ellos están al tanto de este esfuerzo y lo aprecian en toda su magnitud.  A la vez, nuestra institución sirve de escuela a jóvenes que estudian tecnologías de la salud”, agrega Vivian.

En cuanto a los adultos mayores, en su mayoría viven solos o en familias en las que todos trabajan y/o estudian. Los trabajadores sociales y los Médicos de Familia identifican estos casos para su admisión en la “Casa de Abuelos”, como forma de apoyarlos física y emocionalmente.

Dudo que haya ancianos – incluidos los integrantes de la rancia realeza europea— que estén tan bien atendidos y cuidados.

Y es que ellos son la realeza de una nueva sociedad que aprecia el aporte de quienes toda su vida trabajaron y ahora se merecen la mejor atención.

Dioclecio Armas Cedeño
Eulalia Rodríguez Proenza
 

Pub. 10 de Marzo/2008