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Un ocaso de color brillanteVíctor Betancourt: “¡Me siento como en el Edén!"

Hace ya cuarenta años que Víctor Betancourt reside en el Centro Histórico de La Habana. Su casa, que comparte con su esposa, radica a dos cuadras del antiguo Convento de Belén, que durante décadas apiló ruinas en su amplia área interior.

Lejos estaba Víctor de imaginar que el Convento se convertiría en parte indispensable de su vida, que ya se prolonga por 78 años pero que él asegura va a durar al menos 120: “Ya me inscribí en el grupo de los cientoveinteañeros”, dice con una pícara sonrisa.

Siempre como trabajador del transporte –43 años en ese sector--, Víctor se vio un poco desorientado luego de su jubilación. Pero alguien le habló de las actividades para los adultos mayores que tenían su centro en el Convento. ¿Convento?, se dijo, con algún recelo. ¡ese lugar está en ruinas!”

“Yo asistía a un Círculo de Abuelos cercano pero sus filas empezaron a clarear, porque muchos de mis colegas, tanto hombres como mujeres, comenzaron a asistir a las actividades del Convento”, relata.

“Y un día yo también fui. Tengo que decir que me sentí muy gratamente sorprendido. La edificación ha sido restaurada. Por las mañanas hacemos ejercicios físicos y luego pasamos a la antigua nave de la Iglesia, donde participamos en trabajo de grupo, actividades recreativas y nos ofrecen desayuno, por cortesía de una donación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas”.

“Tenemos cobertura médica y medicinas, algunas de ellas suministradas por la Fundación Humanitaria Dr. Trueta, de Cataluña, a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), institución que ayudó en la restauración del Convento y de ese proceso en el territorio que dirige la Oficina del Historiador, con el Dr. Eusebio Leal al frente”.

“Ud. pensará que yo soy un sabelotodo. Pero siempre me ha gustado conocer con quién comparto. ¡Aquí estoy encantado!”. Y concluye:

“¡Esta es la felicidad, está es la vida! ¡Cuándo llego aquí, no me quiero ir!