Noticias

Renacer a la vidaNancy de la Caridad Mora Rodríguez

Me llamo Nancy de la Caridad Mora Rodríguez. Tengo ahora (2007) 43 años. Mi esposo fue sometido a fines de los años 80 a una operación quirúrgica y fue contaminado con el VIH por una transfusión sanguínea. Sin saber que era seropositivo me lo trasmitió a mí.

En aquel entonces yo trabajaba en una empresa y estaba activa en la vida política, laboral y social. Tenía dos hijos varones pequeños: uno nació en 1979 y el otro en 1985. Era también donante de sangre.

En 1989, recibí una notificación del Banco de Sangre. La que había donado estaba contaminada por el VIH. Mi vida se derrumbó.

Mi esposo fue recluido en el Sanatorio especializado en casos de SIDA, pero yo continué en la calle, recibiendo el tratamiento y cuidando de mis hijos.  En 1997 mi esposo falleció de SIDA.

Traté de rehacer mi vida. Cambié de trabajo y comencé a apoyar el esfuerzo nacional contra el VIH/SIDA. Durante años laboré en el Sanatorio especializado contra la enfermedad y luego pasé al Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” – el IPK. Desde allí estuve en contacto directo con las víctimas de este mal en todo el país, ayudándolas en la medida de mis posibilidades y aportando al esfuerzo por prevenir los contagios.

Más recientemente, me incorporé, en el municipio de Arroyo Naranjo, en el sur de la capital cubana, como Coordinadora del apoyo a personas que viven con el VIH/SIDA, con centro en la prevención. Al nivel de la capital, trabajo en la atención directa a mujeres enfermas y soy la suplente de Cuba ante la organización internacional ICW, que congrega a mujeres seropositivas en escala mundial. 

En el año 2005, me concedieron el Premio Nacional de Prevención de las ITS y VIH/SIDA, también conocido como el Premio Esperanza, otorgado por el Centro Nacional de Prevención, del Ministerio de Salud Pública.

A los seropositivos los ayudo a aprender a vivir con el VIH y a todos, en general, les brindo mis conocimientos, mis sentimientos y mi solidaridad. He asistido a numerosos encuentros contra esta enfermedad, incluyendo los efectuados en Panamá, Colombia, Uganda y Tailandia, en los que hablé sobre lo que aquí se hace para reducir la epidemia y ayudar a sus víctimas, sobre el apoyo fraterno que recibimos.

El Gobierno de Cuba asigna enormes recursos al tratamiento de los seropositivos y a la información y capacitación pública para evitar el contagio. En este empeño cuenta con el apoyo de instituciones de las Naciones Unidas.

Aquí se incluye el Fondo Global contra el VIH/SIDA, la Malaria y la Tuberculosis, que lo canaliza a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Es así que recibo de ellos medicamentos antiretrovirales claves que a Cuba le es imposible producir localmente, así como un apoyo alimentario adicional. Me conmueve esa ayuda tan generosa.

No niego que he vivido momentos muy tristes y que he llorado muchas veces, en silencio. La vida me asignó esta terrible prueba. Pero la solidaridad que he recibido y recibo me ha ayudado a luchar por mí y por los demás. Estoy conmovida por ese apoyo y feliz por poder ayudar a otros. Tengo a mi lado a mis dos hijos y mi vida tiene ya un hermoso significado. ¡Gracias!