|
Introducción
La realización
para todos los ciudadanos del mundo de un nivel de salud
que les permita tener una vida social y económicamente
productiva es el objetivo que la Organización Mundial
de la Salud se ha propuesto para el año 2000. Este es
el significado del lema "Salud para todos".
Según la
OMS el alcance de un nivel satisfactorio de salud no
puede prescindir de una intervención global sobre los
problemas del desarrollo, del trabajo, de la integración
y de la asistencia social. La OMS ha de hecho recomendado
que se debe operar no solo en los ámbitos tradicionalmente
propios de la salud sino en todos aquellos que puedan
jugar un papel importante con el fin de mejorar los
niveles de vida y de salud de las personas.
Por tal motivo
en los textos presentados en esta colección en la cual
se trata el tema de la preparación y de las respuestas
a las emergencias (que son un problema en el cual la
salud ocupa un puesto prioritario), no se encontrarán
por fuerza referencias explícitas a la medicina en el
sentido estrecho: se encontrarán más las referencias
continuas a la participación de la comunidad y a técnicas
e instrumentos que pueden estimularla.
Las experiencias
reportadas en estos textos se refieren a una serie de
situaciones de emergencia en las cuales estas técnicas
han sido utilizadas (El Salvador, Colombia, Filipinas,
Bangladesh, Mozambique, Italia, etc.). En muchos casos
estas particulares formas y técnicas de intervención
sobre el campo se han demostrado eficaces para promover
sobretodo una efectiva participación de la población
y para ayudar a los operadores de los servicios de base
en la puesta a punto de programas de preparación de
las comunidades ante las catástrofes.
La
participación comunitaria, ¿por qué?
El que trabaja
en el campo de las emergencias atribuye actualmente
una notable importancia en los programas de preparación
y organización de las comunidades locales. Esta tendencia
nace de varias experiencias de intervención post - catástrofe
y de la valoración de los límites de los sistemas de
protección civil los cuales resultan de mayor eficiencia
y eficacia, no tanto por la utilización de equipamiento
y tecnologías de vanguardia, cuanto más por el papel
activo que sean en grado de desarrollar las poblaciones
locales antes y después de las catástrofes.
Las observaciones
de lo que ocurre cuando una comunidad es golpeada por
un terremoto, por un huracán, o por cualquier otra calamidad
ha demostrado que, después de un primer momento de desorientación
y confusión, las personas se activan para socorrer y
ayudar a la propia familia, los amigos, los vecinos;
supera con facilidad también la resistencia opuesta
por las barreras sociales y culturales que en otros
momentos parecen insalvables. Resuelve una cantidad
enorme de problemas con sus propias fuerzas, con los
medios y los recursos de que disponen.
Se alcanza
así a salvar un alto número de vidas humanas en las
primeras horas después del impacto (y antes del arribo
de los socorros externos) y a afrontar los numerosos
problemas de sobrevivencia y salud puestos por la emergencia.
Además, se
encuentran operando juntas personas de diferentes estratos
sociales, cada uno con sus propios recursos y capacidades
diferentes, que, colaborando, abandonan las relaciones
hostiles y aquellos conflictos que hasta aquel momento
marcaban sus relaciones: cada uno encuentra un papel
y una función: las mujeres al lado de los hombres se
ocupan de trabajos pesados; los niños con su agilidad
y capacidad de moverse en el territorio que supera cualquier
obstáculo material; las personas en general que son
disponibles a asumir también grandes responsabilidades
para colaborar con los diferentes grupos de trabajo.
Esta energía
si se organiza representa un recurso que puede ser utilizado
de forma preventiva: la planificación preventiva de
las intervenciones servirá para reducir el impacto del
evento catastrófico y para organizar las actividades
de respuesta y servirá al mismo tiempo también para
mejorar las condiciones de vida de las personas.
Los
Comités Locales
La organización
de estas actividades ha conducido a la constitución
de Comités locales, articulados en grupos de trabajo
territoriales, en los cuales participan administradores
locales, operadores de los servicios de base, del voluntariado
y de las instituciones sociales, y todos aquellos que
sean disponibles y capaces de responder velozmente y
de manera eficaz a las necesidades urgentes puestas
por la situación de emergencia.
Todas las
personas que conocen desde siempre el territorio al
cual pertenecen, la gente, las usanzas específicas y
los recursos (sean aquellos potenciales como aquellos
que efectivamente están ya a disposición).
Además, propiamente
la presencia de sujetos institucionales, al lado de
los representantes de la comunidad, garantiza un intercambio
de informaciones y una verdadera y propia contratación
(podemos decir una micro ) que tiene el objetivo de
planificar las intervenciones con la finalidad de que
sean un servicio real con relación a los beneficiarios.
Por tanto
por un lado se trata de facilitar la salida de las extraordinarias
capacidades de reacción a los desastres de las comunidades
locales, de movilizar grandes recursos humanos y profesionales
que en tiempos normales están escondidos: un gran potencial
inutilizado. Por otra parte, se trata de mejorar y sostener
estas capacidades y estos recursos para poder enfrentar
mejor y reducir el grado de vulnerabilidad y de riesgo
presentes en las condiciones de vida cotidianas de las
poblaciones locales.
Tales actividades
deberían también tratar de reproducir el clima positivo
de relaciones sociales así como emergen en las situaciones
de catástrofes, relaciones que son el fundamento de
una organización de la comunidad más vecina a los problemas
y a las necesidades de la gente.
De aquí la
utilidad de recurrir a técnicas de participación popular
que permitan que los directamente interesados se involucren
en la identificación de sus propias necesidades, en
las opciones de las respuestas más apropiadas y en la
gestión de los recursos.
Fundamentalmente
en la planificación de las actividades deberá ser el
objetivo final: aquel de poder concretamente resolver
los problemas que emerjan. La creación de un Comité
local, así como la conciencia de las necesidades colectivas,
crea una serie de expectativas que no se deben desilusionar.
Es siempre necesario de hecho que los recursos necesarios
para la realización de las respuestas individualizadas
existan realmente y sean accesibles, se trata de fondos
nacionales como de ayuda de la cooperación internacional.
Será pues el comité local la sede negociadora idónea
para "contratar" los recursos, pero se puede solo realizar
en el momento en que estos existan realmente.
Las
técnicas de participación comunitaria
Para realizar
por tanto objetivos realmente útiles a la comunidad,
pero también para manifestar necesidades y recursos,
puede ser ventajoso usar los instrumentos, de las "técnicas"
que la experiencia nos ha enseñado y que son el objeto
de esta colección.
Si en un
pequeño pueblo pedimos a la comunidad diseñar en conjunto
un mapa de los riesgos e invitamos a las personas a
realizarlo bajando a las calles, estimulamos un proceso
que al final hace luz sobre los problemas reales: el
hueco delante de la casa de Pedro ha sido siempre un
problema suyo pero en realidad es también un problema
para los hijos de Juan que habita a dos puertas de distancia
y también para el viejo padre de Francisca que el otro
día tropezó. El trabajo de construcción del mapa pone
en movimiento las energías positivas: positivas porque
además de individualizar el problema sugiere la solución
evidente (tapar el hueco).
El mapa de
los riesgos no es por tanto para pensarse como un producto
técnico de la cartografía: un geómetra sabría hacerlo
mucho mejor. Lo que interesa no es tanto el pedazo coloreado
de papel al final. Lo que es importante es el proceso
desencadenado por esta simple operación: una liberación
de energías de propuestas que una clásica asamblea no
habría resuelto.
La construcción
de una novela fotográfica tiene como efecto final una
historia con imágenes divertidas, pero el proceso que
la construyó es la cosa más interesante. Al construir
la escenografía, las personas de la comunidad habrán
pensado (también a través de un proceso doloroso) en
su pasado pero habrá también encontrado el dato positivo
de la solidaridad que siempre se desencadena alrededor
de una emergencia. Una solidaridad que corre el riesgo
de devenir fatalismo solo sí abandonada a sí misma pero
no sí, a través de un proceso de re-elaboración de cuanto
acontece después del arribo de aquel famoso tifón, la
comunidad habrá encontrado las energías para prepararse
y responder mejor a las próximas calamidades.
Naturalmente,
es mejor sostener, que tiene sentido llevar a la luz
anhelos y necesidades solo si está en grado de dar las
respuestas, si se puede esto es usufructuar los recursos
necesarios para suministrar una solución apropiada.
Es este el papel principal de los comités locales que
debe individualizar, gestionar y negociar estos recursos.
Prepararse
unidos
Las técnicas
presentadas en estos volúmenes se proponen servir de
ayuda al trabajo de planificación ante las emergencias
en el ámbito local y esto no es otra cosa que la planificación
para el desarrollo integrado de la comunidad en la perspectiva
del evento extraordinario. Este trabajo se reduce, fundamentalmente,
a la identificación de las necesidades y de los problemas
por resolver, de los recursos materiales y humanos utilizables
en la prioridad de las actividades a realizar, y también
en la coordinación y en la valoración constante del
trabajo.
Responsables
de este proceso deberían ser los Comités locales de
emergencia compuestos por autoridades gubernativas locales,
asociaciones, grupos homogéneos, voluntarios, operadores
sociales y representantes de las diferentes formas organizativas
de la comunidad. Estos comités son la expresión de la
participación de la comunidad: representan el forum
dialéctico entre instituciones locales y comunidad,
entre técnicos y población, entre los servicios y quién
los disfruta. Y es al interior del trabajo de estos
comités que, como instrumento de planificación, se coloca
la utilización de los instrumentos y de las experiencias
que presentamos.
En sustancia
las "técnicas de participación comunitaria", ya sean
un mapa de riesgos o la construcción de una escenografía
para un cuento fotográfico, son instrumentos cuyo objetivo
es hacer crecer la conciencia de las necesidades y la
manera para resolverlas a través de los recursos disponibles.
En una palabra llevan la luz a las necesidades de la
comunidad porque estas serán los raíles sobre los que
se moverá el comité local de emergencia. Pero estas
técnicas son también situaciones organizativas en las
cuales las actividades representan ya los momentos de
planificación: momentos de descubrimiento de las soluciones
a proponer en la mesa de las negociaciones y que crean
el clima en el cual el negocio entre usuarios e instituciones,
entre población y técnicos, se puede desarrollar positivamente.
¿Qué
cosa es un mapa comunitario de necesidades y de los
recursos?
Los mapas
comunitarios de las necesidades no se pueden confundir
con la cartografía especializada de tipo temático o
general territorial. Con respecto a estos son cualitativamente
más ricos, pero no los sustituyen.
Los mapas
constituyen una técnica de participación comunitaria
orientada a la búsqueda de las mejores cualidades posibles
en las respuestas a las necesidades de una población.
Y es exactamente esto lo que se pone en discusión en
el momento en el cual se verifica una catástrofe.
El método
de los mapas comunitarios de las necesidades consiste
en la transposición gráfica (bajo forma de figuras,
tablas, esquemas y mapas correspondientes a las áreas
en las cuales han trabajado grupos de la comunidad)
de las necesidades más urgentes que han sido identificadas,
de los factores de riesgo, de los peligros para la sobrevivencia
y la salud y, en fin de las soluciones más adecuadas.
También se
han utilizado a menudo para integrar el trabajo de mapas
de un territorio realizado por técnicos, los mapas comunitarios
de las necesidades se diferencian de la cartografía
temática porque son un método para involucrar y movilizar
a los directamente interesados en las decisiones y en
la realización de las soluciones de los problemas presentes
en la comunidad.
El proceso
que se activa, de hecho, no es una convalidación de
consenso de los análisis de los riesgos y de los deseos
seguidos con metodologías "objetivas" e integradas por
los elementos extraídos de la percepción de los peligros
y del riesgo de la población local.
Se trata
de un proceso a través del cual competencias y saberes
diferentes (de comunidades locales, instituciones, técnicos,
entes públicos o privados, etc.) converjan y concurran
a la definición de objetivos comunes a través de un
proceso de negociación colectiva.
En las comunidades
que han sufrido un desastre el método de los mapas comunitarios
de las necesidades y de los recursos constituye un sistema
eficaz para ayudar a la comunidad a recobrarse y para
reactivar el mecanismo de desarrollo. En muchos casos
esto significa trabajar con comunidades que viven en
zonas donde los desastres se pueden repetir. Por tanto,
el método constituye un instrumento útil para analizar,
junto con la población, lo que ha sucedido durante el
desastre y para identificar lo que precisa hacer para
estar más preparados para otra eventual emergencia.
Además, el método pone en acción un proceso de participación
comunitario en el cual las personas aprenden a formular
un plan de acción y a trabajar unidos de manera organizada,
hecho que reviste una importancia fundamental en casos
de desastres.
El método
lleva a la creación de un sistema colectivo de conocimiento
y acciones que tienen como objetivo el de permitir a
la comunidad de asumir un papel activo frente a las
catástrofes. A menudo la terminología de "participación
comunitaria" es utilizada exclusivamente con el objetivo
de obtener el consenso en lo concerniente a un plan
de acción preconcebido. Con este método la participación
deviene operativa. Revela en qué modo el malestar y
el desinterés son percibidos por la población y en particular
por los grupos más en desventaja y vulnerables. Son
precisamente estos grupos los que se empeñan de una
manera más activa en el proceso: mujeres, niños, ancianos,
personas con dificultades particulares en el campo social,
físico y psicológico. Y son a menudo ellos que sufren
riesgos, con la colaboración de los operadores sociales
y sanitarios, los que involucran gradualmente al resto
de la comunidad.
El método
de los mapas comunitarios ayuda también a mejorar la
relación entre la comunidad, los servicios públicos
y las instituciones.
Una forma
característica del método consiste en el relieve dado
a la calidad de la satisfacción de las necesidades y
a la importancia de comprender las características específicas
de cualquier comunidad y el modo en el que se logra
enfrentar un desastre o una emergencia.
En las experiencias
realizadas a través del uso de los mapas de las necesidades
hemos descubierto que detrás de la palabra "emergencia"
se esconden significados complejos que varían de una
comunidad a otra. Para definir lo que significa "emergencia"
para una determinada comunidad se debe considerar en
qué modo se manifiestan y se agudizan, en casos de desastre,
las contradicciones sociales, económicas y territoriales.
Se debe comprender los factores que están en la base
de cualquier riesgo específico en la vida cotidiana
de la comunidad.
Segunda
Parte
Principios
generales
Las experiencias
de construcción de los mapas comunitarios demuestran
que estos representan un instrumento para permitir una
efectiva y sustancial participación de la población,
tanto en el análisis de las necesidades propias, como
en las decisiones de las soluciones más apropiadas.
La metodología
participativa de los mapas tiene su mayor punto de fuerza
en la inversión del mecanismo de intervención. No se
parte más de lo alto, o sea de las agencias humanitarias
internacionales y de las instituciones gubernativas
en dirección a los grupos sociales más golpeados, sino
del bajo, verdaderamente de las necesidades reales expresadas
directamente por las poblaciones locales y después se
transmite a las altas jerarquías.
De esta manera
se produce un nexo constructivo entre la población y
las autoridades. El concepto de "comunidad" no se limita
más a la población local, sino comprende todas las partes
interesadas en el proceso (comprende las instituciones,
las asociaciones, las ONG, los sindicatos, los servicios,
etc.). Se trata de una aproximación global que se realiza
en beneficio de todas las partes interesadas y capaces
de favorecer una mediación entre estas, donde sea necesario.
Las experiencias
narradas por los operadores locales en los cuatro estudios
del caso muestran que es posible salvaguardar todos
los estratos sociales haciendo frente a las más variadas
exigencias. Y esto, sea en condiciones de normalidad,
como en estados de emergencia y de conflicto o en programas
de prevención y de reconstrucción.
El método
se basa en una concepción de la participación comunitaria
como proceso negociador entre las personas con dificultades,
los técnicos, las instituciones y las organizaciones
que deberían ayudarlas a identificar las respuestas
más adecuadas a sus necesidades.
En la negociación
se buscan las razones, los objetivos comunes a perseguir
para alcanzar los fines acordados.
El objetivo
es el de identificar las necesidades fundamentales,
los recursos necesarios y, sobretodo, los modos en los
cuales organizar esos recursos con el fin de encontrar
las respuestas más apropiadas a los problemas identificados
utilizando el método de los mapas comunitarios. Lo que
se requiere de este proceso negociador es la comprensión
de cuáles son los problemas que las personas consideran
que son los más urgentes y los medios con los cuales
pretenden resolverlos.
Diversos
grupos e individuos al interior de una misma comunidad
pueden tener puntos de vista diferentes entre ellos.
Sobretodo, estos puntos de vista a menudo no coinciden,
o pueden coincidir solo en parte con los objetivos,
las reglas y los procedimientos operativos de los órganos
institucionales. A través de lo que hemos llamado un
proceso negociador colectivo entre los diversos grupos,
individuos e instituciones, se hace posible determinar
la mejor calidad técnica, social, económica y cultural
posible de las respuestas a las necesidades de una comunidad
de un área geográfica dada en un momento histórico definido.
El hecho
de que la respuesta se sienta como adecuada dependerá
de una cuestión en gran parte subjetiva, la percepción
de los riesgos. Es por tanto necesario que la satisfacción
de las necesidades sea valorada en términos cualitativos.
Se debe tener en cuenta las diferentes percepciones
individuales, sino pueden generarse relevantes conflictos
sociales.
Basados en
este método, las soluciones a los problemas individuales
de común acuerdo son identificados como resultado de
la convergencia de los recursos espontáneos y potenciales
de la población y de aquellos que las estructuras oficiales
están en grado de poner a disposición, también a través
de su adecuación a la naturaleza y a las características
específicas de los problemas a afrontar. Las soluciones
son identificadas confrontando, por un lado la importancia
relativa de los problemas a resolver - definida colectivamente
sobre la base de los valores sociales y culturales de
aquella comunidad - por otro, los recursos de la comunidad
(técnicos, económicos y financieros) que son realmente
disponibles.
Las experiencias
muestran que, para que tales procesos puedan ser iniciados,
se hacen necesarias las condiciones siguientes.
La primera
es que las personas sean puestas en grado de decir sus
necesidades, las preguntas, las expectativas, los deseos
y los intereses, de ser conscientes de sus propios derechos
y de tener la posibilidad de sostener sus propias razones.
Lo que es
necesario es ampliar los espacios de expresión de aquellas
necesidades que, de otra forma permanecerían desconocidas,
escondidas o confundidas con los problemas estrictamente
individuales. Con este objetivo, lo que se requiere
por parte de aquellos que operan en la comunidad es
un sincero deseo de comprensión, la disponibilidad de
escuchar y una fuerte solidaridad hacia la población.
Otra condición
esencial para iniciar y hacer real la negociación, es
la disponibilidad de operadores y técnicos a crear las
oportunidades de expresión de las necesidades, de comunicación
y de intercambio para las personas, a escuchar críticamente
las demandas, las aspiraciones y los deseos, a someterlos
a una confrontación con el análisis de los riesgos y
de los daños objetivamente determinables a través de
métodos objetivos, además que con los derechos fundamentales
y su efectivo ejercicio.
Esto significa,
para los operadores, revisar métodos y organizaciones
del trabajo para adecuarlos a lo que emerja en términos
de necesidades y de derechos del trabajo con la población.
Todos los
miembros de la comunidad deben ser puestos en grado
de exprimir sus propias necesidades. En particular es
muy importante que sean activamente involucrados los
grupos más débiles y sin ventajas de la población: las
mujeres, los ancianos, los niños, los portadores de
handicap psico - físicos, los jóvenes y los adolescentes
sometidos a procedimientos judiciales. Se trata de aquellas
personas para las cuales es a menudo difícil exprimir
sus necesidades y, sobretodo, tienen dificultades para
hacerse escuchar. Todavía, como se ha dicho, sus necesidades
son muy grandes por tanto ellas están también prontas
a movilizarse.
Una de las
características más importantes del método consiste
en el hecho que se utiliza un sistema de comunicación
particularmente eficaz, de manera de permitir que todos
entiendan. La decisión de símbolos simples y claros
para cada uno de los problemas, de los riesgos y de
las necesidades individualizadas a través de encuentros,
controles e investigaciones en el campo, permite diseñar
un mapa, que haga visible y comprensible para todos
los temas que se desean enfrentar. Esto permite resolver
el problema del uso del lenguaje de los expertos que,
en general, es demasiado técnico y permanece desconocido
para la población golpeada, crea una barrera de comunicación,
genera errores de asimilación y compresión de las medidas
de prevención y evacuación, de las características mismas
del peligro o del fenómeno que genera la crisis.
Esto que
ocurre durante el proceso de negociación entre individuos,
grupos e instituciones puede ser definido como de aprender
de forma conjunta que es educativo tanto para la población
como para los técnicos.
Nace un saber
de nuevo tipo desarrollado aprobado por todos los participantes;
este saber se funde con características, conceptos y
formas de expresión diversas para:
- identificar las causas,
los peligros y los riesgos sociales y ambientales
a los cuales está expuesta la población;
- reducir los factores
negativos y de vulnerabilidad presentes en el territorio,
con el fin de mejorar las condiciones de vida de la
comunidad haciendo el mejor uso posible de los recursos
humanos y competencias profesionales que de otra forma
permanecerían escondidas, no expresadas o no serían
utilizadas de la mejor forma;
- valorar las acciones
de intervención (importancia y significado para la
comunidad de medidas adoptadas, calidad percibida
por las intervenciones realizadas, análisis de los
costos - beneficios, etc.).
El proceso debe llevar a
la definición de los objetivos y estrategias comunes
que pueden ser realmente llevadas a cabo por los grupos
de población que concurren a los procesos de decisión
en el ámbito local.
Es pero necesario subrayar
que cualquier técnica o método que estimule a las poblaciones
locales a tomar conciencia de sus propias necesidades,
no tienen ningún sentido y corre, también el riesgo
de llevar a frustraciones inútiles, si no se arriba
después a una solución; si no se está, bien seguro de
las posibilidades reales de recursos económicos y técnicos.
Es necesario controlar todas las posibles fuentes (municipio,
ONG, legislación vigente, financiamientos internacionales,
etc.) con el fin de verificar el acceso efectivo a los
recursos necesarios para el eventual plan de intervención.
En numerosas experiencias,
el papel central en el proceso de planificación local
es desarrollado por el Comité Local, en el cual está
representada la comunidad, las instituciones y los técnicos
locales, las asociaciones económicas y sociales, las
organizaciones de voluntarios, etc. Y es a este que
se le confían las funciones de análisis participativo
de las necesidades fundamentales del territorio, aquellas
de seleccionar las prioridades y de decidir sobre las
modalidades y tiempos de la intervención. El Comité
local deviene el perno del proceso negociador. Es el
lugar en el cual los resultados del análisis participativo
de las necesidades se encuentra con las instancias técnicas
para elaborar, a través del aporte coordinado de recursos
de los diversos sujetos presentes en el Comité, las
respuestas más apropiadas.
En fin, otra condición necesaria,
pero no suficiente, para facilitar los procesos reales
de participación social en las decisiones, es la autonomía
local, de gestión administrativa y financiera, al menos
de las políticas sociales, sanitarias y territoriales.
Esto quiere decir disponibilidad de recursos humanos
y financieros sometidos a las orientaciones y a las
direcciones de una planificación local. De otra forma
ningún plan será jamás eficaz, los esfuerzos resultarán
casi inútiles, y se generarán frustraciones.
Es importante destacar que
no es necesario esperar a que el Comité sea oficialmente
constituido, ni que haya sido aprobado el Plan para
comenzar a resolver algunas de las dificultades prácticas
que para esa comunidad constituyan una prioridad. Por
el contrario, las acciones para resolver los problemas
individuales se deben iniciar lo antes posible. A menudo
las soluciones posibles a algunos problemas prácticos
emergerán también de las primeras discusiones o durante
la búsqueda de campo y, con los recursos ya disponibles,
las personas se pueden organizar para resolverlos. Es
importante resolver rápidamente algunos problemas, también
aunque sean pequeños, porque esto le confianza a las
personas y ayuda a mantener el nivel de movilización
de la comunidad.
|